EL SALVADOR
El Salvador es el país más pequeño de Centro América; Su extensión territorial es de 21.000 km², con una longitud máxima de 300 km y 100 km de ancho. Está situado a aproximadamente 89ºW y 13ºN, comprendido totalmente en la zona tropical de la vertiente del Pacífico, teniendo sus costas solamente sobre este océano.
En general, el clima de El Salvador es tropical y el régimen de temperaturas está definido en gran parte por la altura sobre el nivel del mar. La estratificación vertical de la temperatura da origen a la diferenciación en tierras calientes (0-800 m), templadas (800-1800 ) y frías (arriba de 1800 m). Las variaciones de la temperatura media en el transcurso del año son pequeñas, siendo más importante la oscilación diurna.
Las cantidades anuales de lluvia van de poco más de 1100 mm en las zonas secas del NW, a 2800 mm en las regiones altas de las montañas.. En las partes bajas se presenta una marcada estación seca de noviembre a abril y una lluviosa de mayo a octubre. Los días con mojadura de la vegetación por rocío y lluvia, indican una humedad constante en las zonas altas y suficientes días con mojadura en las partes bajas, especialmente en los valles amplios del interior, como para mantener la vegetación epífita aun durante la estación seca.
LOS PAISAJES NATURALES DE EL SALVADOR Y SU FLORA ORQUIDÁCEA
Por Gelio Tomás Guzmán López
Resumen
Se describen las principales zonas fisiográficas de El Salvador, su vegetación y características climáticas. De cada región se enlistan las especies más comunes o conspicuas de orquídeas, en algunos casos con cortos comentarios.
INTRODUCCIÓN
El Salvador, en América Central, situado a aproximadamente 89º W y 13º N, está comprendido totalmente en la zona tropical. Es un país de reducida extensión territorial, 21.000 km, con una longitud máxima de 300 km y 100 km de ancho. Está situado en la vertiente del Pacífico, teniendo sus costas sólo sobre este océano.
En el transcurso de las eras geológicas se han ido conformando sistemas geomorfológicos que han dado lugar a paisajes naturales muy diferenciados y que se distinguen por sus condiciones climáticas, edáficas y de vegetación. De acuerdo a Gierloff-Emden (1956) y Rico (1979), para los fines de este artículo pueden definirse los siguientes sistemas estructurales, que se extienden latitudinalmente a través del país. (fig 1)
1) Planicies Costeras
2) Montañas Costeras
3) Cadena Volcánica Reciente
4) Paisajes del Complejo Interior de Valles y Cerros, incluyendo la cadena
Volcánica Antigua
5) Montañas del Norte, incluyendo los agregados de Candelaria de la Frontera y los contrafuertes hacia el Valle Interior en Chalatenango y Anamorós.
En general, el clima de El Salvador es tropical y el régimen térmico está definido en gran parte por la altura sobre el nivel del mar, La estratificación vertical de la temperatura da origen a la diferenciación en tierras calientes (0-800 m), templadas (800-1800 m) y frías (arriba de 1800 m). Las variaciones de la temperatura media en el transcurso del año son pequeñas, siendo más importante la oscilación diurna, como lo muestra el gráfico de la Fig. 2 para San Salvador a 700 m y Montecristo a 2400 m de altitud.
Las cantidades anuales de lluvia van de poco más de 1100 mm en las zonas secas del NW, a 2800 mm en las montañas altas. En las partes bajas se presenta una marcada estación seca de noviembre a abril y una lluviosa de mayo a octubre, como se indica en la Fig. 4. Los días con mojadura de la vegetación (rocío y lluvia) indican una humedad constante en las zonas altas y suficientes días con mojadura en las partes bajas, especialmente en los valles amplios del interior (e.g. Zapotitán o San Andrés), como para mantener la vegetación epífita aún durante la estación seca.
Durante la mayor parte del año predominan en El Salvador los vientos alisios del NE, con velocidades moderadas, que se manifiestan de mayo a octubre en forma de chubascos cotidianos. En ocasiones invaden el territorio sistemas que producen lluvias de larga duración llamados localmente “temporales”. En la estación seca, de noviembre a febrero, las invasiones de aire frío de Norteamérica están acompañadas de “nortes”, vientos moderados hasta tempestuosos, y de sensibles descensos de la temperatura (hasta 0º C en las montañas). La segunda mitad de la estación seca, marzo y abril es calurosa y seca.
La vegetación de El Salvador ha sufrido enormemente con la extensión de la agricultura de subsistencia e intensiva, llegando en ciertas zonas a niveles de degradación irreversibles. Según Cabrera (1973) la vegetación natural de la mayor parte del país está comprendida en la Provincia Pacífica, Las Montañas del Norte, arriba de 1000 m, pertenecen a la Provincia Mesoamericana de Montaña que se extiende por el centro del istmo, de Guatemala a Costa Rica. Esta división es sumamente importante par la distribución de la flora en El Salvador.
La distribución de la vegetación original de El Salvador ha sido estudiada en diversas épocas, que atestiguan la grandeza anterior y la eliminación sucesiva. Standley (1924), Lotschert (1955), Lauer(1954), Rohweder (1956), Lagos (1983) y Flores (1978) describen la diversidad de asociaciones vegetales que estuvieron presentes en El Salvador, originadas por las variadas condiciones climáticas, edáficas y fisiográficas, alternando bosques y selvas, con sabanas y chaparrales. Imponentes deben haber sido las selvas costeras calientes y semihúmedas, que cubrieron gran parte de los 1100 km de las planicies aluviales y cuyos restos pueden observarse en Nancuchiname, a orillas del río Lempa. Ahora quedan también sólo relictos de difícil acceso de los pinares y encinares que trepaban las laderas de las montañas, así como los bosques de los picos, fríos y húmedos.
La flora orquidácea de El Salvador no ha sido objeto de un estudio ecológico cualitataivo ni mucho menos cuantitativo. Alguna mención hace Standley (1924) en su artículo “Orchid Collecting in Central America”, en donde reporta 20 especies conocidas para El Salvador, pero ya insinuaba la riqueza que podrían albergar los volcanes y las Montañas del Norte. La única fuente moderna de información es la obra de Hamer (1974, 1981), que da la distribución, por zonas climáticas, de las 362 especies (en 93 géneros) que abarca su obra. Sin embargo recientes observaciones indican nuevas adiciones (Encyclia nematocaulon, Oncidium pergameneum, Pleurothallis pubescens, Cattleya guatemalensis) y mayor extensión de las distribuciones.
La distribución de especies aumenta con la altura sobre el nivel del mar, como consecuencia de la variación de otros factores ambientales, ya que un 80% de las especies habita las zonas altas. Sin embargo, muy poco se conoce sobre la dominancia y afinidades de especies para comunidades vegetales en particular, ni mucho menos de los hospederos de las epífitas.
Este artículo describe los principales paisajes de El Salvador como marco de referencia para llegar a una mejor comprensión de la distribución de las orquídeas en el país. Para los distintos paisajes sólo se mencionan las especies más conocidas, ya sea por su abundancia y/o su vistosidad. Es un trabajo meramente descriptivo que pretende abrir una brecha en la investigación ecológica de esta flora.
PLANICIES COSTERAS
Este paisaje incluye las zonas planas aluviales desde el mar hasta el pie de monte, a unos 100-200 m de altitud La anchura es variable, reconociéndose una planicie occidental y una central, separadas por las estribaciones de la Cumbre del Bálsamo, que llegan a la orilla del mar. La parte oriental, se extiende desde el Río Lempa hasta las colinas de Jucuarán. El clima es caliente, pero influenciado por la brisa marina que no permite temperaturas diurnas más altas. Las temperaturas arriba de 35º C son menos frecuentes que en el interior del país y las mínimas raramente bajan a menos de 15º C, siendo la temperatura media de unos 26-27º C. La lluvia es moderada, con 1600 mm
en el occidente y 1700 mm en el oriente, aumentando rápidamente hacia el interior, con 2400 mm en el pie de monte de las montañas del occidente. En la estación seca esta región presenta condiciones severas de sequía, salvo en hondonadas y terrenos bajos.
La vegetación está formada por asociaciones de playa, manglares y los restos de los bosques calientes, perennifolios semi-húmedos, propios de los terrenos bajos que están inundados en la estación lluviosa y que en gran parte fueron talados para establecer cultivos de algodón. Los árboles característicos son: el carreto (Pithecellobium saman), conacaste (Enterolobium cyclocarpum), ceiba (Ceiba pentandra), ujushte (Trophis racemosa), y volador (Terminalia obovata). También se localizan en esta zona sabanas semihúmedas y morrales (asociaciones con Crescentia), sobre todo en el occidente. A orilla de los ríos se observan bosques de galería con la misma composición de árboles que se observa en los bosques calientes, además de chilamate (Sepium macrocarpus) y guarumo (Cecropia peltata), que no son buenos hospederos de epífitas.
En los manglares se han encontrado ejemplares de Catasetum integerrimum creciendo sobre palmas. La flora orquidácea no está muy diversificada pero pueden encontrare comunidades con gran número de individuos, generalmente asociados con bromeliáceas. Llaman la atención los morrales donde son abundantes Brassavola nodosa, B. venosa, B. grandiflora, Laelia rubescens, Encyclia (Epidendrum) adenocarpa, E. trachycarpa y Oncidium cebolleta. Los árboles de ceiba pueden estar cubiertos de Laelia rubescens, Caularthron billamelatum y Brassavola nodosa.
Típica de la zona de pie de monte costero es la Aspasia epidendroides. Dimerandra emarginata parece ser exclusiva de Sihuapilapa, depto. de Sonsonate, en las estribaciones de la Cumbre del Bálsamo. La especie más llamativa es Oncidium ampliatum, que habita en bosques secos caducifolios al lado de los farallones marinos, con buena ventilación por la brisa.
La flora de orquídeas terrestres de las planicies costeras es poco conocida, pero hay algunas especies notables en la zona de pie de monte, como Sarcoglottis (Spiranthes) acaulis, Spir. sceptrodes, Habenaria quinqueseta y Hab. strictissima. También se ha localizado Cyrtopodium punctatum con hábito terrestre tanto como epífito.
CADENAS COSTERAS
En este paisaje se distinguen tres grupos fisiográficos principales, la Sierra de Tacuba en el Occidente, separada de la línea costera unos 30 km, la Cumbre del Bálsamo en el centro y las Montañas de Jucuarán en el oriente, que se elevan desde la orilla misma del mar. Las montañas occidentales alcanzan alturas de 1400 m en la Cumbre del Caballo. En el centro llegan un poco más arriba de 1500 en el Cerro de la Marina y en oriente hasta 900 m en el Cerro del Mono.
La topografía es muy accidentada, con una espina longitudinal de la que se separan valles y lomas transversales que caen abruptamente hacia el océano, dando lugar a profundas gargantas y hondonadas. Por el norte el declive es más suave hacia los valles interiores de Ahuachapán, San Andrés y los lagos de Ilopango y Olomega.
La parte baja, entre 200 y 800 m, tiene clima caliente que se transforma con la altura en templado, y en las partes más altas se presentan temperaturas media anuales de 18º C. la ventilación por la brisa marina y los vientos es favorable. Las cantidades anuales de lluvia van de 1700 mm en la parte baja a 2400 mm en las alturas de occidente. La sequía durante el invierno astronómico, severa en las partes bajas, se vuelve moderada en las alturas.
La vegetación de esta zona muestra la influencia de las condiciones climáticas y fisiográficas. En las partes bajas alternan los bosques de galería a orilla de los ríos y los bosques caducifolios en las lomas y pendientes; aquí son típicos el laurel (Cordia alliodora), cortés (tabebuia rosea), quebracho (Lysiloma sp.), cabo de hacha (Luehea sp.), San Andrés (Tecoma sp.), maquilishuat (Tabebuia pentaphylla),jocote, jobo (Spondias monbin), jiote (Bursera simaruba), shilo (Bombax ellipticum) y flor blanca (Plumeria acutifolia), muchos de ellos de vistosas flores y los siete primeros buenos hospederos de orquídeas. Característicos de las altitudes medias son los balsamares (Myroxylum balsamum) de la zona central.
En las partes altas aparecen roblares, pinares y bosques de cipreses que han sido casi totalmente sustituidos por plantaciones de café. Sin embargo, los cafetales no causan daños ecológicos tan fuertes como otros tipos de cultivos a cielo abierto, por lo que son considerados como la salvación ecológia de El Salvador. En los cafetales viejos se conservan algunos árboles que son buenos hospederos d epífitas, como el cedro (Cedrela odorata), el guachipilín (Diphysa robinioides), el laurel y también hay árboles de sombra que aceptan poblaciones de epífitas, como el madrecacao (Gliricidia sepium), a diferencia de los del género Inga (pepeto, cujín) que son menos favorables. Los cafetos mismos son buenos hospederos, mostrando abundancia de miniaturas como Barkeria obovata (chinensis), Notylia trisepala e incluso Oncidium carthagenense. Otros sistemas agrícolas similares son las plantaciones de cítricos y cacaotales. Existe tambíén vegetación arbustiva con orquídeas características, como el crucito, que puede albergar grandes poblaciones de Oncidium crista-gallii. También llevan abundantes epífitas los árboles frutales, nativos y exóticos, como el aguacate, el mamey, el guayabo, el mango y el tamarindo. Muchas de las especies de las zonas costeras se extienden hacia las partes altas, alcanzando algunas gran abundancia como Encyclia cordigera (Epidendrum atropurpureum), E. cochleata, E.baculus (Epidendrum pentotis), E. luteorosea, Epidendrum ciliare, Epi. difforme, Cattleya skinneri, C. aurantiaca, Brassavola cucullata, Clowesia russelliana, Maxillaria variabilis, M. friedrichsthalli, Max. tenuifolia, Mormodes aromatica, Oncidium ascendens, Oncidium carthagenense, Onc. microchilum (este último de hábito terrestre). A mayor altitud encontramos Lycaste cruenta, Cycnoches ventricosum, Brassia maculata, Maxillaria densa, Stanhopea graveolens, Oncidium crista-gallii, Onc. ornithorhynchum, Onc.liebmanii, Onc. wentworthianum, Trichopilia tortilis, Sobralia macrantha, Sobralia macra y otras especies menos conocidas y conspicuas de los géneros Pleurothallis, Stelis, Restrepia, Notylia, además de Barkeria obovata, Meiracyllium trinasutum, Mormolyca ringens, Helleriella nicaraguensis, Hexadesmia crurigera, Hex. micrantha, Hex. hondurensis, Ionopsis utricularioides, Isochilus amparoanus, Leochilus scriptum, Lchs. labiatus, Polystachya foliosa, Trigonidium egertonianum, y Vanilla planifolia.
La diversidad de la orquideoflora terrestre aumenta y está representada por los géneros Bletia, Cranichis, Habenaria, Ponthieva y otros de la subtribu Spiranthinae.
La flora de orquídeas de las montañas de Jucuarán es poco conocida, porque casi no quedan restos de la vegetación original, pro seguramente existieron las especies de la zona baja de las cumbres.
Las sierras de occidente presentan ciertas diferencias florísticas, como la presencia de especies raras que todavía persisten debido a la mejor conservación de los bosques originales, como El Imposible-San Benito.
LA CADENA DE VOLCANES RECIENTES
Este paisaje se extiende paralelo a la costa a una distancia de 15 a 40 km, desde Guatemala hasta el Golfo de Fonseca. Es un sistema estructural volcánico-tectónico que está compuesto por los principales volcanes del país, además de los más importantes lagos: Coatepeque, Ilopango y Olomega.
Todos los volcanes de El Salvador debieron tener su origen en el plioceno posterior o aún más recientemente. La cadena volcánica se interrumpe por zonas de hundimiento tectónico, formando los siguientes grupos: En el occidente el grupo Santa Ana-Lamatepec está formado por 21 volcanes, de los cuales 8 sobrepasan alturas de 1800m, siendo el más alto el Santa Ana (2381 m), siguiendo El Aguila (2059 m) el Cerro Verde (2067 m), el de Las Ranas (1995 m), el Cerro Grande de Apaneca (1854 m) y el de Laguna Verde (1851 m). Este complejo ofrece numerosos paisajes de valles altos, hondonadas y faldas escarpadas con grandes variaciones climáticas. Hacia el oriente, la cadena volcánica continúa con el Volcán de San Salvador (1959 m), el Volcán de San Vicente (2182 m) y después del río Lempa el Sistema Tecapa (1953 m), el San Miguel o Chparrastique (2130 m) y por último, a orillas del Golfo de Fonseca. El Volcán Conchagua (1244 m). El clima va de templado a frío en las partes altas, con temperaturas medias anuales de 12-24º C. En el valle de Los Naranjos, a 1400 m, se han registrado temperaturas hasta de 4º C bajo cero.
La lluvia es moderada a alta, con 2600 mm anuales en las partes elevadas. Arriba de los 800 m la vegetación original está constituida por encinares y pinares mezclados con zapotillo (Clethra lanata), aguacate montés (Persea schiedeana), zorrillo (Roupala borealis), capulín montés ( Trema micrantha), y amate montañés (Ficus teurckheimii); en la actualidad la vegetación original ha sido sustituida casi en su totalidad por cafetales quedando muy pocos relictos primarios.
Finalmente en los picachos se presentan selvas nebulosas con exuberante vegetación, con árboles de encinos y lauráceas mezclados con helechos arborescentes y otros árboles, entre ellos algunas de las especies mencionadas para los pinares y encinares. Los árboles están cubiertos de musgos, helechos, bromeliáceas, aráceas, y piperáceas. En las cimas azotadas por el viento se tienen formaciones de sabanas de altura o de arbustos ericáceos esquilados. Un paisaje especial lo forman los cráteres de volcanes extinguidos cuyos bordes interiores pueden presentar formaciones boscosas a la orilla de lagunas (Las Ninfas, Alegría) o en barrancos profundos cubierotos de vegetación arbustiva o herbácea (Boquerón de San Salvador, Santa Ana).
Con relación a los volcanes recientes deben mencionarse también los campos de lava cubiertos con vegetación en distintas etapas sucesionales arbustivas o boscosas, como en el Pedregal de San Isidro, o las lavas del Volcán San Marcelino, del de San Salvador, o del de San Miguel. Situaciones microclimáticas especiales con grandes variaciones de temperatura, exposición al rocío y buena ventilación dan origen a una abundante flora de orquídeas, epífitas y litófítas. Sólo en el Pedregal de San Isidro han sido localizadas más de 60 especies.
En los volcanes la flora orquidácea es abundante en riqueza de especies y número de individuos. Además de especies miniatura de los género Pleurothallis y Stelis, aumentan las orquídeas terrestres, apareciendo los géneros Bletia, Corymborkis, Cranichis, Goodyera, Malaxis, Govenia y Spiranthes, entre las que destaca por su vistosidad Spiranthes colorata (Stenorrhynchos speciosus).
Aparte de algunas especies epífitas ya mencionadas para las zonas más bajas, como Oncidium ornythorhynchum y Stanhopea, aparecen Arpophyllum, Barkeria spectabilis, Chysis aurea, Chy. laevis, Lycaste virginalis, Lyc. deppei, Encyclia (Epidendrum) selligira, E. vagans, E. varicosa, Epidendrum parkinsonianum, Epi. polyanthum, Epi. repens, Epi. ramosum, Epi. viejii, Trichopilia tortilis, Maxillaria cucullata, Isochilus, Odontoglossum (Lemboglossum) cordatum, Odm. (Osmoglossum) pulchellum, Odm. (Lemboglossum ) stellatum, Odm. (Oncidium stenoglossum, y Odm. (Lemboglossum) bictoniense, este último terrestre, encontrándose en las cumbres del Volcán de Santa Ana, en la sabana de gramíneas.
Par el cráter del Volcán de San Salvador, junto con Encyclia varicosa y Sobralia macrantha, aparece el Epidendrum (Oesrtedella) schweinfurthianum, que además sólo ha sido encontrado en Montecristo. Entre las sobralias puede encontrarse la variedad blanca de Sobralia macrantha.
El género Oncidium está representado en los volcanes por Onc. bicallosum, Onc. cheirophorum, Onc. endocharis, Onc. maculatum, Onc. reflexum, Onc. pergameneum, Onc. sawyeri (Chingo) y Onc. wentworthianum-
El sistema Tecapa-Chinameca-San Miguel, está casi totalmente cubierto por cafetales, salvo algunos picos sobresalientes que presentan relictos boscosos, sobre todo de pino-roble. Un ambiente especial se presenta en la Laguna de Alegría, antiguo cráter con un espejo de agua a 1600 m y paredes empinadas cubiertas de bosques, con asociaciones de jiote (Bursera simarouba).
Aquí se ha encontrado Mormodes salvadorensis y otras especies escasas como Trichopilia maculata, Lycaste sulfurea, Govenia liliacea y Gov. utriculata. El Volcán de San Miguel, en su mayor parte cubierto por un campo de lava reciente, presenta algunos bosques de altura, especialmente roblares. Curiosamente la flora orquidácea es escasa, reportándose Sobralia macrantha y Mormodes warscewiczii en abundancia, estos últimos de gran crecimiento y flores femeninas. Finalmente en la cúspide de el Volcán Conchagua, en los restos de bosques se encontraron ejemplares de Corallorhiza odontorhiza.
En general los volcanes del oriente han sido poco explorados y pueden ser todavía fuentes de nuevas sorpresas.
EL COMPLEJO INTERIOR DE VALLES Y CERROS
El valle interior se extiende en la parte central del país desde el NW, en la Laguna de Guija, hasta las regiones costeras del Golfo de Fonseca. Es atravesado por los principales ríos del país, el Lempa y sus afluentes, el Sucio y el Corola, y el Río Grande de San Miguel.
Las características principales de esta zona son las extensas planicies y valles en Zapotitán, San Miguel y La Unión, agregados montañosos, cerros y lomas hasta de 1000 m.
Un rasgo muy especial es la Cadena de Volcanes Antiguos, muy erosionados, que son de oeste a este el Chingo (1767 m), el Capullo ( 1123 m), el Guazapa (1410 m), el Cacahuatique (1630 m) y en el extremo noroeste, cerca de Guija, el San Diego (718 m).
Los climas representados en los paisajes del interior dependen de la altura sobre el mar, de la exposición, del acceso de la brisa marina, etc. Los valles centrales del occidente están sujetos a grandes variaciones de temperatura, con máximas registradas de 40º C y mínimas de 4º C. Los enfriamientos nocturnos conducen a la formación de rocío y abundante mojadura sobre la vegetación, como en los morrales. Los cerros presentan condiciones más estables, con un descenso gradual de la temperatura con la altitud. Los valles interiores son más calientes y sofocantes que zonas a la misma altitud en las vertientes costeras del Pacífico. La lluvia anual presenta grandes variaciones, desde poco más de 1000 mm en el occidente, 1300 mm al oriente, hasta más de 2000 mm en los cerros del centro y las Montañas de Cabañas.
La vegetación original presentaba asociaciones de bosque seco en SanDiego-Guija, estando la mayor parte del país cubierta por bosques semi-húmedos caducifolios y bosques calientes de terrenos bajos, bosques pantanosos, sabanas secas, (morrales) y montes secos o chaparrales. Los cauces de ríos estaban acompañados de bosques de galería perennifolios, que todavía se observan en el Río Sucio y el río Lempa. Los árboles pertenecen a las mismas especies ya mencionadas: ceibas, conacastes, zorras, shilo, etc., además de sauce y ahuijote en los terrenos pantanosos. La abundancia de epífitas varía y depende más de otros factores, como humedad y ventilación.
Actualmente estos terrenos se utilizan para plantaciones extensivas de cereales y caña de azúcar, así como para ganadería de pastoreo libre, habiendo sufrido los efectos de la erosión que los ha convertido en terrenos degradados, sobre todo en las pendientes de los cerros de la parte norte del Valle Interior y de los contrafuertes de las Montañas del Norte. Las cumbres de los cerros presentan restos de roblares, pinares y cipresales.
En los bosques muy secos de occidente predominan especies xerofíticas como Brassavola nodosa y Laelia rubescens, que también abundan en las sabanas de morros junto con Encyclia adenocarpa y a veces Cattleya skinneri. En las ceibas, conacastes y otros árboles a orilla de los ríos abunda Encyclia (Epidendrum) chacaoense, Nidema (Epidendrum) boothii, Epidendrum stamfordianum, E. clowesii, acompañados a veces de Caularthron billamelatum. También se encuentra Catasetum integerrimum, Clowesia (Catasetum) russelliana, Cycnoches ventricosum, Oncidium carthagenense, y algunas terrestres como Bletia purpurea, Sarcoglottis sceptrodes, y Eltroplectris roseoalba. En las laderas de los cerros Mormodes warscewiczii, Oncidium sphacelatum y Vanilla planifolia. En los cerros más altos, como el de Guazapa, en bosques de roble, se encuentran especies de la cumbre como Oncidium ornithorhynchum, stanhopeas y Lycaste cruenta. Más característica es la flora del Volcán de Cacahuatique con especies raras como Lacaena spectabilis, Lac. bicolor, Lycaste suaveolens, Encyclia diota, Encyclia michuacana (Epidendrum virgatum), y Epidendrum nocturnum, especies más bien típicas de las Montañas del Norte.
LAS MONTAÑAS DEL NORTE
El paisaje septentrional de El Salvador está constituido por los macizos montañosos pertenecientes a la divisoria continental, formados a fines del Terciario y en el Pleistoceno. La región está subdividida por los ríos Lempa y Sumpul en tres complejos montañosos.
Al occidente, el macizo Metapán-Alotepeque, con laderas empinadas que alcanzan alturas de 2400 m en el cerro Montecristo. En la zona central, el macizo de los Esesmiles, con la mayor altura en El Salvador en El Pital con 2700 m. Este macizo se eleva en forma escarpada en el occidente y cae al sur y al oriente en forma menos abrupta. En las partes más altas se localizan altiplanos y valles amplios.
En el noreste del país, se eleva el macizo de Nahuaterique-Corobán con alturas hasta de 1900 m en Sabanetas. Geológicamente pertenecen a las Montañas del Norte los agregados montañosos de Candelaria de la Frontera (con alturas hasta 1500 m en el Cerro El Yupe), las montañas de Chalatenango y las de Anamorós, en el oriente, toas ellas con composición florística similar. El clima de las Montañas del Norte es el resultado de las variaciones de temperatura y lluvia con la altitud y en las partes altas presenta la influencia de los climas atlánticos con estación seca reducida a 2-3 meses. Este rasgo, junto con la casi permanente presencia de nubes y nieblas la convierten en la zona más lluviosa del país con cantidades anuales hasta de 2800 mm, que con el aporte de las neblinas llega a más de 5000 mm. La temperatura en los picos más altos es de 10º C, pudiendo alcanzarse ocasionalmente el punto de congelación en los valles amplios y en las hondonadas de altura.
Las formaciones vegetales presentan la secuencia altitudinal impuesta por el clima y el suelo, presentándose arriba de los 800 m bosques serranos mesolíticos, pinares, encinares y raramente asociaciones de liquidámbares; son especialmente característicos de la zona oriental los extensos pinares en formación de estepa.
En los picos de Montecristo y El Pital se encuentra todavía en su forma más exuberante la selva nebulosa descrita para los picachos , compuesta principalmente de robles y lauráceas, cubiertos de epífitas.
Las bromeliáceas contribuyen grandemente a la exuberancia de la vegetación epífita, además de las orquídeas y las piperáceas. La presencia de helechos arborescentes es notable e imprime su carácter distintivo al sotobosque. En el Trifinio hay transiciones de selva nebulosa a zonas de ericáceas y sabanas de altura que son típicos páramos eólicos.
El número de orquídeas epífitas es considerable, llegando a 147. Son característicos Arpophyllum spp.,Botriochilus spp., Bulbophyllum aristatum, Brassia verrucosa, Chondrorhyncha lendyana y Elleanthus cynarocephalus. Existen 22 especies de los géneros Encyclia y Epidendrum, la mayoría de distribución limitada a las Montañas del Norte y de gran atractivo como Encyclia (Epidendrum) ambigua, E. aromatica, Epidendrum mixtum. Epi. urostachyum, Epi. microcharis y Epi. nocturnum, además de otras de hábito terrestre. Se encuentran también especies de Maxillaria (7), Isochilus (6), y la vistosa Mormodes x salvadorensis (híbrido natural endémico), Lycaste balsamea y Lyc. lassioglossa. Resaltan por su vistosidad Lemboglossum (Odontoglossum) cordatum, Lem. stellatum, Lem rossii, Rossioglossum (Odontoglossum) williamsianum, Oncidium bicallosum, Onc. oblongatum, Onc. endocharis, Onc. oliganthum, Vanilla pheantha, poneras, stanhopeas y Xilobium.
Además existen 61 especies de miniaturas de los géneros Dichaea (6), Lepanthes (7), Pleurothallis (19), Comparettia falcata, Nageliella (2), Leochilus sp., Stelis (8).Trichocentrum candidum, Homalopetalum pumilio y otras. Entre las 26 especies terrestres predominan las habenarias (5), Malaxis (4), Spiranthinae (4), Govenia, Erythrodes, Goodyera, Liparis, algunas especies de Epidendrum muy atractivas como E. polychromum, E. scriptum, E. ledifolium, E. cnemidophorum y la Sobralia xantholeuca, de flores amarillo brillante.
Pese a su pequeña extensión territorial, existe en El Salvador una gran diversidad de paisajes naturales, pudiéndose encontrar en un trayecto de 100 km, desde la orilla del mar a los picos más altos de la Cordillera del Norte, todas las comunidades mencionadas. El acceso a todos los rincones donde todavía quedan relictos de la vegetación natural es relativamente fácil por carretera lo que hace necesario establecer reservas naturales para preservar la flora, evitar saqueos de orquídeas, bromelias, musgos y helechos, sobre todo en la época navideña. Una vez preservado este patrimonio podría pensarse en una utilidad racional y en la explotación del potencial hortícola de las orquídeas.
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